Friday, March 30, 2007

Chez Puzsta IV

De no haber sido por nosotros, el restaurante habría estado vacío también aquella noche, como casi todas las demás. Tal vez por eso, el dueño hablaba sin parar. Nos explicó las especialidades de la casa con todo lujo de detalles, acompañando sus palabras con los gestos de sus largos brazos. La carta parecía una enciclopedia, con más páginas sobre la historia de Hungría que platos de comida. Con labia y persistencia el señor Puzsta nos acabó convenciendo a tomar el único vino que tenía, un Sangre de Toro húngaro según su traducción, que nos sirvió en una botella de del año 2002, y el único plato que había preparado, gulasz. Con los pedidos anotados en una pequeña libreta, desapareció por la pequeña puerta del fondo hacia la penumbra. Regresó un par de minutos después, con pan recalentado y unos platos rebosantes de gulasz. El guiso de carne, patatas y zanahoria estaba bañado en una salsa rojiza preparada a base de paprika. La poca luz del restaurante, apenas las velas de las mesas y dos o tres pequeñas lamparitas poco iluminadas, me impedía distinguir los ingredientes. Talvez por eso me atreví a llevarme la cuchara a la boca. Después de servirnos a todos, el señor Puszta, se sentó con nosotros a la mesa. Él fue el único que no cenó.

Continuará...

1 comment:

Palmiralis said...

¿Dónde estáis, tú y el señor Puzsta?. ¿Cómo sigue?....